Ceremonial del Patio

El otro Cosquín estalla en poemas y canciones desde el verde de los espacios alternativos. El de los Herrero, es uno de ellos

Cuando en Cosquín sale el sol, los patios donde aquello que no sucede bajo las luces del escenario Atahualpa Yupanqui ni frente a las cámaras de tv, florecen y reverdecen en poemas, canciones y cuerdas improvisadas.

Miradas que se cruzan. Una bailarina que pisa la tierra descalza y alza su pañuelo en la zamba, la ronda de mate que antes fue regada por el vino, los niños que corren bajo la higuera y el viejo olivo custodiando el alero del quincho que rodea la casa, son imágenes cotidianas en el Patio de los Poetas y Cantores de la casa de los Herrero.

En un rincón, Pancho Cabral compone una vidala nueva, mientras piensa cómo transmitir sus investigaciones sobre el baile de la chaya. Este es el momento, dice, ahora que es Ley la enseñanza del folklore en las escuelas. Llega Rodolfo, el dueño de casa, y le acerca un vaso de vino. Esa es su ofrenda, que se repite en cada momento con los que llegan a celebrar la vida a su patio. La devolución casi siempre viene regada de un cogollo y un puñado de canciones, poemas y punteos, porque aquí lo que sobra es talento.

Cualquier día de enero, mientras sucede el festival de Cosquín, el patio de los Herrero musicaliza la siesta coscoína. Quienes están ahí, no pretenden más que sentir el ardor que emana de una zamba, una cueca o una vidala que los haga cerrar los ojos e imaginar el otro paisaje, y en tiempos en que todo era oscuro, también el otro país.

Adriana Tula, entona los versos de la belleza. En su voz suena esa despedida que Raúl Carnota compuso poco antes de morir su padre: No pienses nunca que me fui/ Yo solo soy camino / Voy más allá de esta pasión / Herida de olvido/ Mi jardín se seca/ Vos sos agua que suena

A su lado, en voz baja, Casiana Torres ensaya un pedacito de una cueca que más tarde cantará junto a Martín Castro y que Silvia Barrios y Belén bailarán con bellísima soltura. Allí también está Rubén Cruz, uno de los más grandes poetas tucumanos de este tiempo, que también elegirá una de sus canciones para homenajear a Rodolfo.

Hay dos Nahuel. Uno que llega desde Mendoza, y que pinta a la perfección su paisito y su idiosincrasia cuyana: es Nahuel Jofré, que este año debió haber estado en el escenario mayor como ganador del pre Cosquín 2019 en el rubro canción inédita, pero se quedó en el patio, y ofreció sus canciones. El otro, Porcel de Peralta, deja todo lo que tiene para hacer en México (en donde vive), para empaparse de los sonidos que le llenan el alma. Quizá más tarde tome la guitarra y cante algunos versos elegidos de su vasto repertorio.

Por ahí andan Peter Wrschmidt y el Tubo Moya, portador de bombo y una de las voces más finas y entonadas de La Rioja. Está Carlos García, eximio guitarrista que también aportará su arte bajo las ramas de esa higuera añeja.

Rodo alza su copa para brindar por la vida. Hay ausencias. Una se nota y es fuerte: la de Cristina, su compañera de toda la vida. Las manos de Cristina, ahora son pájaros en el aire. Hay otras ausencias que ya son parte del aire del patio: la de Jorge Marziali, un habitante permanente y fundador del patio. Queda su recuerdo en sus canciones, porque siempre suena alguna en las voces de sus amigos.

El patio de los Poetas y Cantores no está ni en guías ni lo encuentra el GPS. Queda sobre una callecita angosta de tierra, por donde pasan gauchos a caballo, muy cerca del río y ahí nomás del asfalto. Pero parece que fuera en otro mundo, en donde el tiempo transcurre con la pereza de la siesta, y el aire se entremezcla con los poemas y las canciones

Por Pao De Senzi | Galería: Carlos Paul Amiune

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