El festival de Cosquín y la reivindicación de su propia historia

Culminó la edición aniversario de Cosquín, y ésta también estará en el libro grande el festival. Hicimos un recorrido desde la novena luna, hacia atrás, recordando algunos momentos que merecen ser guardados en el recuerdo

“El portentoso río de linaje comechingón, detuvo su andar embelesado por el paso del viento que traía enancadas todas las voces” CJ

Se podría decir que la novena luna de la 60ª edición del festival de Cosquín (aún faltaba la décima luna, la noche cordobesa, con la Mona Jiménez como protagonista), funcionó como una especie de dejavu de estas seis décadas.

Ya en las lunas anteriores, quienes forjaron durante todos estos años el espíritu del festival, recibieron premios a la trayectoria, y reconocimientos por su paso por éste, pero en la novena se sumaron, a una grilla con históricos como Enrique Espinosa y Carlos Di Fulvio, un homenaje a Los Chalchaleros con Los Nocheros (los encargados de ponerle el broche de oro al festival), Los 4  de Córdoba y Los Tucu Tucu, Una actuación memorable de Jairo con Minino Garay en la percusión en contrapunto para “Antiguo Dueño de las Flechas”, el recuerdo para Rafael Amor, ”que amaba este festival”, con “No me llames extranjero” y la sorpresa de Sureras (Karen Arranz, Susana Reperto, Lucia Ceresani, Marta Suint  Mariela Acevedo), con payadas feministas y de contenido actual.

La larga lista de homenajes incluyó comisiones, presentadores, (Miguel Ángel Gutérrez, Julio Marbiz y Carlos Franco, a través de sus hijos), productores y a Luis Landriscina, quien se acercó al frente del escenario para dialogar con el público. La lista llegó a su fin con los premios de la edición actual: Malambo Picahueso para la revelación, consagración para Adrián Maggi; destacado de peña oficial Dúo Los de Minetti; destacado de escenarios callejeros Los Videla, y Cuarteto Karé como ganador del premio Sadaic – Ancrof que otorga la prensa acreditada.

Detrás de esta luna quedó la edición número 60ª  de un festival que ha logrado amalgamar las diferentes vertientes de lo que es la música popular, más allá de los encasillamientos. Cosquín es hoy un encuentro cultural que funciona  uniendo en cada noche algo de lo que viene pasando durante el año, y también, aquello que el público pide. Los 60 años tuvieron de todo y para todos, y también,  dieron cuenta del crecimiento que el festival viene teniendo en los últimos cuatro años, luego de aquellas ediciones en que todo parecía perdido.

Ésta fue una edición digna sobre todo basada en la idea de convocar algunos artistas que hace mucho no participan del festival y cuya trayectoria es larga y puntal de nuestra música. A todos se los celebró con un homenaje, y el premio a la trayectoria: Carlos Di Fulvio, Víctor Velázquez, Enrique Espinosa, Orlando Veracruz, Antonio Tarragó Ros, Pocho Sosa y Mario Bofill, entre otros.

Si hablamos de homenajes no podemos dejar pasar los que incluyó la programación: el recuerdo del Chango Nieto, con la producción de Hugo Casas, con el Chaqueño Palavecino, Sergio Galleguillo, Mario Álvarez Quiroga, Lucio Rojas, y los hijos del salteño: Carla, Luna y Hernán; el homenaje a Chabuca Granda, al cumplirse cien años de su nacimiento, a cargo de Mery Murúa, Paola Bernal, Juan Iñaki, con Rubén Mono Izarrualde e Isadora Zerbini como invitados; el recuerdo a los nombres de las danzas folklóricas argentinas, en el set que llevó a cabo Emiliano Zerbini en la primera luna y el homenaje a los conjuntos vocales a cargo del Cuarteto Karé y Bruno Arias.

Cosquín de los Abrazos

La unión fraternal de los cuerpos tuvo en este Cosquín dos representaciones históricas: por un lado, el encuentro de Yamila Cafrune con Roberto Kolla Chavero, los hijos de Yupanqui y el turco Cafrune, cerrando el círculo de la vida , sobre el escenario que lleva el nombre de uno de ellos, y que vio cantar tantas veces al otro. Por otro lado, la juntada entre Abel Pintos y Jorge Rojas en la noche más convocante del festival, echando por la borda eso de “la noche de”,  que terminó de confirmarse de boca de Abel: “Cosquín ya no tiene más ese título de la noche de tal o cual artista, son las noches de Cosquín, en donde todos nosotros estamos participando por igual” el simbolismo de ese abrazo, también terminó con las cuestiones de lo que debe contener, musicalmente este festival: ¿qué artistas “son” el folklore? ¿Quiénes merecen estar sobre el escenario de Cosquin? En referencia, Horacio Banegas tuvo otra de las frases que quedaron marcadas a fuego en esta edición: “Hasta los que están vestidos de gaucho, no son «el» folklore. Les falta cien años para llegar a serlo”, fue el contundente mensaje de uno de los más importantes artistas del género.

Más momentos:

La antología Carabajal (en la tercera luna), de mano del grupo que dio origen a todo desde la banda, invitando a Peteco Carabajal y Cuti y Roberto: la representación de calificativo “artista popular” en toda su extensión; El indio Lucio Rojas, recuperado ya de salud y reconfirmando su título de consagrado en el festival 2019; Martin Paz, Pachi Herrera,  José Luis Aguirre, La Bruja Salguero, Raúl Barboza, Candela Mazza, Bruno Arias, Nahuel Penissi, Luis Salinas, solistas con poder de levantar una plaza con su presencia, y dejar estela de buen pasar sobre el escenario, el dueto de Ligia Piro y Susana Rinaldi, que junto a Omar Mollo recuperaron el espacio para el tango en el festival. Franco Luciani de regreso a Cosquin y figura estelar de la cuarta noche, en la que Fito Páez, trajo en cuerpo y alma las canciones que siempre vuelan sobre el aire, con Fabiana Cantilo y Flor Villagra como invitadas, y luego Los Tipitos, que llegaron con un disco de folklore bajo el brazo y demostraron que con respeto y calidad también pueden ser parte de Cosquin.

Los ballets

El Camin y el Gran Ballet Argentino fueron parte fundamental de las nueve lunas,  intercalando sus presentaciones y moviéndose al ritmo del himno a Cosquin, en cada una de las noches. La voz entrañable de Miguel Ángel Gutiérrez en el preámbulo de la presentación del primero con un poema de José Pedroni y Quito Figueroa engalanó las noches y trajo el recuerdo de uno de los maestros de ceremonia más queridos: “Canción que canta el viento” (“Dejadme marchar con vosotros, poetas surgidos del pueblo. Dejadme ser vuestro compañero de ruta en mi último trecho. No quiero quedarme olvidado en el mundo viejo. Quiero marchar con aquellos que entonan los cantos nuevos de los tiempos nuevos.”)

Justamente un párrafo aparte merecen, ellos, quienes son el hilo conductor del festival, y que, a través de las últimas ediciones han demostrado coherencia, trabajo y responsabilidad en lo que hacen: Los coscoínos Nathalie Allende, y Pablo Bauhofer, como presentadores al lado del querido “Pipulo”, Claudio Juárez,  maestro de ceremonias y encargado de cada una de las palabras con las que se presenta a los artistas. Es destacable y original el trabajo que realiza Juárez durante el año, descubriendo cada detalle de quienes son presentados y convirtiéndolos en breves poemas introductorios.

“Para hablar de Cosquín, es necesario entenderlo”, escribió esta semana, el periodista Andrés Fundunklian en su crónica del festival. Nada más cierto. Entender el mecanismo de un festival que debe autoabastecerse musicalmente de todo lo que ocurre en el universo cultural del país, no es simple, pero se ha demostrado que es posible. La tarea de Luis Barrera, el programador, que ha crecido en cuestión de criterio y decisión a través de sus cinco años de gestión, tomando como punto de partida un festival  hecho trizas y una grilla que llegó a tener 56 artistas en un tiempo no muy lejano, no fue tarea fácil. Lograr en cada luna sumar artistas convocantes, independientes, nuevos, clásicos, con diferentes estilos, y públicos, derivó también en el respeto de éste último a un escenario que no siempre tiene lo que espera. Cosquin siempre tendrá sus falencias, que básicamente parten de la imposibilidad de tener todo en nueve lunas. Pero si, tiene ahora un nivel artístico superlativo, logrando respeto por los artistas desde su convocatoria, hasta que se bajan del escenario.

Un detalle no menor es que hoy se puede decir que la Plaza Próspero  es el punto neurálgico del festival, algo que había perdido hace unos años por completo, superando las peñas, el nivel de convocatoria de ésta. Ahora los espacios alternativos congregan también grandes cantidades de público ávido de encontrar más sonidos cuando las luces de la plaza se apagan. El Patio de la Pirincha y La Salamanca, por caso, funcionan como cotos culturales, que están más allá de la plaza, pero la complementan, mientras que las demás, suman artistas que no llegan al escenario mayor pero que también merecen la atención de quienes asisten a Cosquin. El entorno de debates, charlas, el Congreso del Ser Argentino con el tema de la Ley de Folklore en las Escuelas que tuvo alta participación, las muestras, todo hace que Cosquin siga caminando, a pesar de todo, a sesenta años de aquella noche inaugural. Esto, es precisamente lo que hace que hoy el Festival Mayor de folklore pueda mantener el título del Festival más importante del país.

Por Pao De Senzi. Fotos: Carlos Paul Amiune

Todos los premiados

Destacado De Espectáculos Callejeros: Los Videla

1era – Mención Abuelo Algarrobo
2da – Mención Las Puelchanas
3era – Mención Franco Coria

Destacado De Peña Oficial: Dúo Los De Minetti

Artista Destacado Del Festival Por Sadaic Ancrof: Cuarteto Kare

Revelación Cosquín 2020: Picahueso Malambo Sede Junín Mendoza

Consagración Cosquín 2020: Adrian Maggi

Premio Camin Cosquín: Enrique Espinosa, Carlos Di Fulvio

Reconocimiento A Maestros De Ceremonia: Julio Maharbiz, Miguel Angel Gutierrez, Carlos Franco

Camin Cosquín Legendario: Juan Carlos Saravia

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