El Patio de la Pirincha camino a cumplir dos décadas con la cultura

Otro espacio alternativo que ha tenido que acomodarse a las normas, pero manteniendo una comunión con la cultura independiente, el buen gusto y la emoción a flor de piel

A casi veinte años de aquella primera guitarreada en un patio que se veía muy distinto al de hoy (era cobijo de quienes venían al festival en carpa), el espacio de la calle Fleming, en Cosquin, desborda de luz.

No precisamente por la lamparitas colgadas de la higuera que le da sombra de día y lo cuida de noche, sino por la luz que emana de las almas que se amontonan, para vivir una ceremonia muy distinta a la que se lleva a cabo en la plaza.

Allí, Los Tekis alzaban instrumentos y brazos para saludar a un público que cantó sus canciones y bailó durante más de una hora en la apertura de la sexta luna. Luego, Micaela Chauque, dio cuenta de un talento especial que llega desde su Iruya natal y se expande por el norte, lo mismo que Bruno Arias, otro de los protagonistas de la noche en el escenario mayor, más cerca que nunca de la impronta de artista comprometido. Mario Bofill sostiene fuerte su Camin, un premio que le llegó de manos de la comisión a través de Ariel “Chaco” Andrada de La Callejera. Con ellos, el correntino volvió a cantar en el festival después de mucho tiempo.  

Al tiempo que Soledad cerraba la noche en la plaza, continuaba en el Patio de la Pirincha una jam muy especial. Detrás quedó otra tarde de charlas, talleres y -en este caso- la proyección del maravilloso documental 8.9.89, de Marcel Czombos, que relata la tragedia que sufrió la delegación chaqueña (en donde murieron 8 artistas, entre ellos Zitto Segovia) en una gira hace 20 años.

Cerca de las 22, llegaron los invitados a un patio que ya desbordaba de gente, mientras que las empanadas, la humita y la cerveza pasaban de mano en mano desde la cocina hasta el interesado por el menú. Mery Murúa, Paola Bernal, Juan Iñaki, Fran Salido, los hermanos Toch,  invitados por Guadalupe Carnota fueron parte del homenaje a Raúl, por segunda vez y ya convertido en un clásico. “Carnota, uno de los más grandes compositores de este tiempo”, decía, a su tiempo, Rubén “Mono” Izarrualde, otro de los artistas presentes.

En este homenaje no hubo luces estridentes ni sonido imponente. Sólo las canciones: “Por seguir”, “Como flor de campo”, “Grito santiagueño” y “Coplas del rencoroso” (maravillosamente interpretada por Izarrualde), entre muchas.

Por casi dos horas (Que se convirtieron en una trasnoche de jam luego del cierre formal), la obra del intérprete y compositor nacido en Buenos Aires, que recorrió todas las regiones del país, estuvo nuevamente presente en un rincón de Cosquín, fuera del Escenario Mayor. Curiosamente, (o quizá siguiendo con la costumbre de no programarlo en vida) el festival de debe un homenaje.

Por Pao De Senzi | Galería: Carlos Paul Amiune

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