EL REPRESOR MIGUEL ETCHECOLATZ FALLECIO ESTA MADRUGADA

El exjefe de la Policía bonaerense había sido condenado en el año 2018 por delitos de lesa humanidad durante la dictadura cívico militar. A los 93 años murió en una cárcel común con 9 cadenas perpetuas por secuestros, torturas, privaciones de la libertad y múltiples homicidios con alevosía. Su figura será recordada en la historia Argentina por ser uno de los principales responsables y ejecutores del período más oscuro del país.

Etchecolatz murió a las 5.30 en la Clínica Sarmiento de la localidad bonaerense de San Miguel, donde se encontraba internado con custodia policial, padecía deterioro cognitivo, insuficiencia cardíaca, insuficiencia venosa y otras complicaciones a raíz de un ACV isquémico.

Entre 1976 y 1979 estuvo al frente de la Dirección General de Investigaciones de la Policía Bonaerense. Bajo su órbita funcionaron mas de 20 centros clandestinos de detención y otras tantas maternidades clandestinas.

Tenia múltiples condenas a prisión perpetua, acusado por diversos crímenes de lesa humanidad, mediante sentencias dictadas en los años 1986, 2004, 2006, 2014, 2016, 2018, 2020, 2021 y 2022 que fueron unificadas en una pena única de reclusión.

Su nombre quedó asociado también con la desaparición de Jorge Julio López, en plena democracia, luego que la declaración judicial del albañil en 2006 como testigo fuera determinante en una causa en contra. Rubén López, su hijo, lamentó que el genocida haya muerto sin decir dónde están los desaparecidos durante la última dictadura cívico militar:


"Tengo una especie de dolor de estómago. Estoy nervioso, no es por tristeza, tampoco es por alegría porque se haya muerto una persona que quizá fue el culpable de la desaparición de mi viejo. Es muy difícil explicar el sentimiento que tengo en este momento", expresó Lopez en diálogo con Télam.

Dos años atrás, en el medio de la segunda audiencia de un juicio en el cual fue juzgado por ser partícipe de delitos contra casi 500 personas en tres centros clandestinos, Etecholatz había dicho: “Condénenme lo que quieran, me siento orgulloso de haber defendido la patria”.


Con una actitud provocadora y desafiante, Etchecolatz señaló: “Yo no maté, me batí en combate que es distinto”. “He tenido enfrentamientos, con riesgo de vida, pero he trabajado para evitar que se siga rompiendo el tejido de la República Argentina, la paz”, dijo el represor quien le cuestionó al Tribunal: “¿Creen que estarían presentes si hubieran triunfado los idealistas jóvenes que pretendían tomar el poder de las armas? Usted (presidente del Tribunal) sería fusilado por ser integrante de la burguesía judicial y quien les habla fusilado por ser policía”.


Y continuó: “Ustedes procésenme, me van a condenar, eso no me lastima para nada, no siento dolor, sino tristeza de cómo se maneja la Justicia argentina. Dicen que yo maté, usan esa palabra hiriente; yo respondí a la agresión con el personal que tenía, murieron muchos de los nuestros y de esos pobres jóvenes equivocados o mal orientados”.

Con él murieron sus silencios y su odio, vidas robadas de paradero desconocido, ilusiones de familiares que siguen pidiendo Memoria, Verdad y Justicia. La movilización popular volteó las leyes del perdón y lo metió en cana. Fue la única garantía de justicia. La clase social a la que sirvió sigue impune y su régimen en pie.